jueves, 21 de julio de 2016

miércoles, 13 de julio de 2016

PRIMERA SEMANA: SAN LUIS MARÍA DE MONFORT

Día 1°: 
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Día 2°
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Día 3°

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Día 4


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Día 5
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Día 6
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Día 7
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33 días hacia un glorioso amanecer. Retiro de consagración que se realizará en la parroquia el próximo 15 de agosto.

INTRODUCCIÓN
Por qué escribí este libro, y cómo utilizarlo

Escribí este libro por una razón principal: la consagración total a Jesús por María (la Consagración Mariana) es realmente “el medio más seguro, más fácil, más corto y el más perfecto camino” 1 a la santidad y debería haber una manera fácil y actualizada de aprovechar semejante bendición.


NERA FÁCIL HASTA A HORA.
Me topé con un problema cuando escribía mi otro retiro espiritual personal, Consolando al Corazón de Jesús. En ese libro hablé de lo impactante que es la consagración total a Jesús por medio de María pero no tenía tiempo suficiente para entrar en detalles. Así que recomendé que la gente leyera el clásico escrito por San Luis de Montfort sobre la consagración mariana, Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen. En La VerdaderaDevoción, de Montfort presenta un curso de preparación para la consagración mariana que cubre 33 días. El problema es que no es muy fácil seguir el formato tal como se presenta en el libro. (Las oraciones están en páginas diferentes, tienes que buscarlas, retroceder y avanzar, etc.) Para resolver este problema los Padres Monfortianos publicaron un libro más pequeño titulado Preparación para la consagración total . Ese libro reunió todas las oraciones y facilitó el desarrollo de los 33 días, pero aún existía otro problema para mí. La preparación monfortiana de 33 días está llena de letanías y oraciones, pero tiene poca información sobre la consagración misma. Hace años, cuando empecé a prepararme según este formato, recuerdo claramente la impresión que me dio: ¡¿en qué me metí?! Me pareció que había empezado un maratón de oración de 33 días y me pregunté si podría perseverar hasta el fin. Finalmente me resigné a la idea de que para ganar la corona de la consagración mariana, tenía que “hacer mi tarea” recitando la larga lista de oraciones que aumentaba cada semana. No me malinterpretes, es apropiado hacer algún sacrificio para recibir un don tan grande como la consagración mariana. Es más, no es mi intención menospreciar la oración vocal, la cual tiene un valor inmenso y es un “elemento indispensable de la vida cristiana”. 2 Sólo que, en lo personal, el mayor fruto espiritual lo encuentro no en recitar largas oraciones, sino en contemplar con el corazón las enseñazas inspiradoras sobre la consagración mariana . He aprendido que no pocas personas piensan lo mismo y no quiero que pierdan el tesoro de consagración mariana a causa de muchas oraciones largas. Por eso, escribí este libro. Lo hice creyendo que una preparación para consagrarse a María (o para renovar la consagración) no tiene que ser un maratón de oración. Al contrario, podría ser una experiencia espiritual menos sobrecogedora de lectura y reflexión devota. Claro que algunos podrían quedar más satisfechos espiritualmente con la preparación original de 33 días, y eso es fantástico. Pero quería proveer una alternativa para los que, como yo, a veces tienen dificultades para recitar muchas oraciones largas. Además, quería proveer para todos — incluso para los aficionados a las letanías — una versión actualizada de la preparación monfortiana, la cual incluiría nuevos tesoros de fuentes contemporáneas. Es una consagración mariana para el tercer milenio.
NO ACTUALIZADO... HASTA AHORA.
En Consolando al Corazón de Jesús, declaré algo muy audaz. Dije que uno podría recibir todas las gracias de un retiro ignaciano de 30 días en un solo fin de semana. Seguí el ejemplo audaz del Venerable Padre Pío Bruno Lanteri (1759-1826) quien aseguró que cualquier persona podría tener todo lo necesario para hacerse “un gran santo” no en 30 sino en 8 días. ¿Por qué creyó Lanteri que sus retiros podían ser más cortos, pero tan eficaces como los de 30 días? Porque hizo especial hincapié en lo que yo llamo sus “armas secretas”: La Divina Misericordia y María. ¿Y por qué creía yo que mi retiro podía ser aun más corto que el de Lanteri? Porqué Lanteri murió hace más de 180 años, y desde su muerte la Iglesia ha desarrollado aun más sus armas secretas. Con estas armas secretas más poderosas, concluí que podíamos hacer retiros más eficaces, incluso en un fin de semana. Entonces en Consolando al Corazón de Jesús dediqué la mayoría de las páginas a desarrollar nuevas ideas relacionadas con una de las armas secretas de Lanteri: la Divina Misericordia. Así, incluí mucho material de dos grandes santos contemporáneos: Santa Teresa de Lisieux y Santa María Faustina Kowalska. Desafortunadamente, no tenía mucho tiempo para examinar a fondo los nuevos elementos relacionados con la consagración mariana. Toqué brevemente algunos de ellos pero no podía entrar en detalle. Afortunadamente, eso es lo que vamos a hacer con este libro. En las páginas que siguen vamos a escuchar no solamente del primer gran apóstol de la consagración mariana, San Luis de Montfort, sino también de otros gigantes marianos que vinieron después. En sus tiempos, de Montfort recopiló y sintetizó las enseñanzas de los mejores expertos de la espiritualidad mariana. Si viviera hoy, sin duda nos presentaría las enseñanzas de nuestros “expertos marianos” contemporáneos. ¿Quiénes son los expertos marianos contemporáneos? Hay muchos, pero para nuestra reflexión escogí a “los tres grandes”. Específicamente seleccioné los tres santos marianos que más vivamente han contribuido a la belleza y riqueza de la espiritualidad de la consagración. Son San Maximiliano Kolbe, la Beata Madre Teresa de Calcuta y el Beato Juan Pablo II. Si añadimos a San Luis de Montfort, conseguimos un excelente grupo de cuatro santos que nos guiará a una nueva y potente forma de consagración mariana.


CÓMO SE DESARROLLA EL RETIRO.

Cada una de las cuatro semanas (más cinco días de repaso), leeremos cómo uno de nuestros cuatro gigantes vivió su consagración a Jesús por María. La meta será no sólo leer sobre ellos y sus enseñanzas, sino también contemplar con el corazón sus mensajes, siguiendo el ejemplo de María. Así a lo largo de estos 33 días no vamos a hacer una larga lista de oraciones. En lugar de eso, vamos a hacer todo lo posible para contemplar con el corazón la enseñanza del día. (O si leemos por la noche, podemos pasar el día contemplando la enseñanza del día anterior). Como sabemos por la Sagrada Escritura, esta actitud contemplativa es específicamente mariana (ver Lucas 2:19, 51) y es algo que podemos hacer por más ocupados que estemos. Además incluí una breve oración que acompaña cada lectura diaria para ayudarnos a contemplar la lección del día. Y debido a que nuestra meta durante estos 33 días es permanecer en un ambiente de oración contemplativa, he denominado este período no sólo como preparación sino como retiro espiritual. Por supuesto 33 días es un largo plazo para estar de retiro, y podría pasar que, a pesar de nuestras buenas intenciones y esfuerzos, perdamos un día (o más) de lecturas y oraciones. Si esto sucede, no hay que desanimarse ¡y mucho menos darse por vencido! En cambio, sugiero que simplemente leamos los textos de los días perdidos lo más pronto posible y continuemos con el retiro. El Señor conoce nuestros corazones, y si nuestro verdadero deseo es hacer la consagración, no debemos permitir que la tentación nos lo impida. Créeme, es muy probable que nos enfrentemos con la tentación de abandonar nuestra preparación. Pero no nos rindamos. Vamos a hacer todo lo posible para ser fieles a las lecturas y oraciones contemplativas de cada día. Si flaqueamos por nuestra negligencia, digamos al Señor que lo sentimos, que confiamos en Su misericordia, recuperemos las lecturas perdidas y sigamos andando. La razón por la cual sugiero que nos pongamos al día en cuanto a las lecturas tiene que ver con la estructura misma del retiro; el aprendizaje de las enseñanzas diarias es acumulativo y al fin todas las partes se unen para formar una imagen completa de la consagración mariana. Por eso, obviamente no queremos saltarnos una parte esencial. Es más, dada esta estructura del retiro, podría ser útil considerarlo según sus cuatro semanas distintas, teniendo en cuenta que los últimos cinco días se dedican al repaso.

viernes, 24 de junio de 2016

FOGATA DE SAN JUAN

¡Que Dios nos purifique de todo pecado de difamación!


Homilía del Papa Francisco en Santa Marta, lunes 20 de junio: “Que los cristianos se miren al espejo antes de juzgar”


(RV).- Antes de juzgar a los demás hay que mirarse al espejo para ver cómo somos. Fue la exhortación del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó la diferencia existente entre el juicio de Dios y el nuestro que no está en la omnipotencia, sino en la misericordia.
El juicio pertenece sólo a Dios, por tanto, si no queremos ser juzgados, tampoco nosotros debemos juzgar a los demás. Lo subrayó el Pontífice en su homilía centrada en el Evangelio del día en que observó que todos nosotros queremos que en el Día del Juicio, “el Señor nos mire con benevolencia, que Jesús se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida”.
Jesús nos llama hipócritas cuando juzgamos a los demás
Por esta razón, dijo textualmente el Obispo de Roma, si “tú juzgas continuamente a los demás, con la misma medida serás juzgado”. Y añadió que el Señor nos pide que nos miremos al espejo:
“Mírate al espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, no, ¡ese no es el consejo! Mírate al espejo para ver cómo eres. ‘¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?’ ¿O como dirías a tu hermano: ‘Deja que te quite la paja de tu ojo’, mientras en tu ojo hay una viga?’ ¿Y cómo nos califica el Señor, cuando hacemos esto? Una sola palabra: ‘Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la paja del ojo de tu hermano’.
Rezar por los demás, en lugar de juzgarlos
Se ve que el Señor – dijo también el Santo Padre – “aquí se enoja un poco”, nos llama hipócritas cuando nos ponemos “en el lugar de Dios”. Y recordó que la serpiente convenció a Adán y a Eva cuando les dijo: “Si ustedes comen esto, serán como Él”. Y ellos – añadió Francisco – “querían ponerse en el lugar de Dios”:
“Por esto es tan feo juzgar. El juicio ¡sólo a Dios, sólo a Él! A nosotros el amor, la comprensión, rezar por los demás cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘Escucha, yo veo esto, quizás…’. Pero jamás juzgar. Jamás. Esto es la hipocresía, si nosotros juzgamos.”
A nuestro juicio le falta la misericordia, sólo Dios puede juzgar
Cuando juzgamos – reafirmó el Papa– “nos ponemos en el lugar de Dios”, pero “nuestro juicio es un pobre juicio”, jamás “puede ser un juicio verdadero”. “¿Por qué el nuestro no puede ser como el de Dios? – se preguntó Francisco –. ¿Por qué Dios es Omnipotente y nosotros no?”. No – fue la respuesta del Pontífice – “porque a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia”:
“Pensemos hoy en esto que el Señor nos dice: no juzgar, para no ser juzgado; la medida, el modo, la medida con la que juzgamos será la misma que usarán con nosotros; y, tercero, mirémonos al espejo antes de juzgar. ‘Pero ésta hace esto… éste hace aquello…’. ‘Pero, espera un momento…’, mi miro al espejo y después pienso. De lo contrario seré un hipócrita, porque me pongo en el lugar de Dios y, además, mi juicio es un pobre juicio; le falta algo sumamente importante que tiene el juicio de Dios, le falta la misericordia. Que el Señor nos haga entender bien estas cosas”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).